Profesor
Laboratorio de Biología Molecular y Celular
Presidente de la Fundación JW Kieckhefer
Nuestros cuerpos están compuestos por cientos de tipos de células diferentes, pero cada célula posee el mismo material genético. Esta diversidad surge de la activación selectiva de genes específicos de cada tipo de célula, ya sea de la piel, el hígado o el cerebro. Esta activación se logra mediante proteínas llamadas reguladores epigenéticos, que trabajan para hacer que regiones específicas de nuestro genoma sean más o menos accesibles a la transcripción. A diferencia de nuestro genoma fijo, la regulación epigenética es dinámica y reversible, lo que permite que las células respondan a señales ambientales y de desarrollo. Las mutaciones en los reguladores epigenéticos también se encuentran comúnmente en los cánceres. Sin embargo, aún no se comprende completamente cómo los reguladores epigenéticos saben qué genes activar y cuándo, ni cómo las mutaciones interrumpen este proceso para causar cáncer.
Diana Hargreaves estudia un regulador epigenético específico, el complejo BAF, que utiliza energía para descomprimir y desenrollar el ADN de las proteínas estructurales y así alterar su accesibilidad y, a su vez, la transcripción génica. Su grupo ha identificado nuevas variantes del complejo BAF y nuevas funciones para este en el cáncer y la inflamación. Su laboratorio ha descubierto que los complejos BAF controlan la función de las células inmunitarias mediante interacciones con factores de transcripción y otros mecanismos epigenéticos. Además, su laboratorio explora cómo las mutaciones del complejo BAF en el cáncer afectan la respuesta terapéutica, específicamente a las inmunoterapias, y cómo los inhibidores del complejo BAF pueden utilizarse en la terapia contra el cáncer. Hargreaves aporta sus conocimientos de regulación epigenética y biología molecular para investigar estas propiedades en modelos de cáncer y activación de células inmunitarias.
Hargreaves ha demostrado que el complejo BAF es un regulador esencial de los potenciadores genéticos, que son importantes para la expresión de genes implicados en la activación de células T y macrófagos.
Hargreaves descubrió una forma no canónica del complejo BAF, que subyace a la actividad esencial del complejo en la expresión de genes inflamatorios.
Hargreaves demostró que los complejos BAF están mutados en más del 20 % de todos los cánceres humanos. Su trabajo ha demostrado que las mutaciones en la subunidad ARID1A confieren sensibilidad a la inmunoterapia contra el cáncer, destacando la mutación de ARID1A como un posible biomarcador de la respuesta terapéutica.
BS, Química y Bioquímica, Haverford College
PhD, Departamento de Inmunobiología, Universidad de Yale
Beca Postdoctoral, Departamento de Biología del Desarrollo, Universidad de Stanford